
Intake (miércoles 2 de junio):
· Desayuno: plátano (122)
· Media mañana: nada
· Almuerzo: 1 huevo frito (108) + patatas (234) [que asco me doy por dios!]
· Merienda: té blanco
· Cena: nada
Hoy me encontraba especialmente mal, así que el intake ha sido especialmente asqueroso. Además, me duelen muchísimo los riñones, así que no me he visto capaz de hacer ejercicio. Todavía no he merendado ni cenado pero ya le he dicho a mi madre que hoy no pienso cenar y me ha dicho que lo entiende, porque ayer estuve muy mal. Y es que…
…anoche creí que me moría.
Ayer, después de comer, me tomé un laxante porque estaba hinchadísima, me empezó a entrar la desesperación y o era el laxante o vomitar. Me decidí por el laxante porque llevo mucho tiempo sin vomitar y no quería volver a eso otra vez. La cuestión es que el laxante no me hizo efecto hasta las 4 de la madrugada. Me desperté porque el dolor de estómago era insoportable.
Cuando conseguí llegar al baño me puse fatal. Tanto que, después de media hora (o más) “vaciándome” (por no decir la otra palabra), vomité 2 veces. Mientras todo esto pasaba, estaba tan mareada que se me cerraban los ojos solos, tenía una sensación rara de calor y frío al mismo tiempo y sentía que me quedaba sin fuerzas por momentos.
· Desayuno: plátano (122)
· Media mañana: nada
· Almuerzo: 1 huevo frito (108) + patatas (234) [que asco me doy por dios!]
· Merienda: té blanco
· Cena: nada
Hoy me encontraba especialmente mal, así que el intake ha sido especialmente asqueroso. Además, me duelen muchísimo los riñones, así que no me he visto capaz de hacer ejercicio. Todavía no he merendado ni cenado pero ya le he dicho a mi madre que hoy no pienso cenar y me ha dicho que lo entiende, porque ayer estuve muy mal. Y es que…
…anoche creí que me moría.
Ayer, después de comer, me tomé un laxante porque estaba hinchadísima, me empezó a entrar la desesperación y o era el laxante o vomitar. Me decidí por el laxante porque llevo mucho tiempo sin vomitar y no quería volver a eso otra vez. La cuestión es que el laxante no me hizo efecto hasta las 4 de la madrugada. Me desperté porque el dolor de estómago era insoportable.
Cuando conseguí llegar al baño me puse fatal. Tanto que, después de media hora (o más) “vaciándome” (por no decir la otra palabra), vomité 2 veces. Mientras todo esto pasaba, estaba tan mareada que se me cerraban los ojos solos, tenía una sensación rara de calor y frío al mismo tiempo y sentía que me quedaba sin fuerzas por momentos.
Imaginaos la que lié. Tuve que llamar a mi madre a gritos porque no me veía capaz de volver a la cama por mi propio pie. Cuando entró en el baño, vio aquel panorama y me observó bien (llorando, sentada en el suelo y tan pálida que hasta yo me asusté) me empezó a decir que me vistiera porque me iba a llevar al hospital. Como me negué, despertó a mi padre para que me convenciera pero realmente ya me empezaba a encontrar mejor y aceptaron mi decisión aunque a regañadientes.
Asumieron que la cena (una mini tortilla francesa) me había sentado mal y en cuanto vieron que empezaba a recuperar el color se tranquilizaron y se fueron a dormir. No se me olvidarán nunca las palabras de mi padre antes de cerrar la puerta de mi habitación:
-Tú sabes que os quiero mucho a los tres (se refería a mis dos hermanos y a mí) pero tú eres algo especial.
-Papa, no puedes decir eso…
-No, me has entendido mal. No estoy diciendo que te quiera más a ti que a ellos. Es sólo que tú tienes algo. Eres como una especie de magia o algo así.
No le dije nada. No supe decirle nada.
-Bueno, pero ahora a dormir –añadió él-. Sólo ha sido un susto.
Es la primera vez en toda mi vida que mi padre me dice algo así. No es un hombre que muestre sus sentimientos y no sé si me lo habría dicho de no haberme visto tan mal como estaba. Pero fue lo más bonito que me han dicho nunca y necesité llorar durante una hora porque me sentía (y me siento) tremendamente culpable por hacerles esto a las personas que más me importan y que más quiero. No merezco que me quieran tanto.
Asumieron que la cena (una mini tortilla francesa) me había sentado mal y en cuanto vieron que empezaba a recuperar el color se tranquilizaron y se fueron a dormir. No se me olvidarán nunca las palabras de mi padre antes de cerrar la puerta de mi habitación:
-Tú sabes que os quiero mucho a los tres (se refería a mis dos hermanos y a mí) pero tú eres algo especial.
-Papa, no puedes decir eso…
-No, me has entendido mal. No estoy diciendo que te quiera más a ti que a ellos. Es sólo que tú tienes algo. Eres como una especie de magia o algo así.
No le dije nada. No supe decirle nada.
-Bueno, pero ahora a dormir –añadió él-. Sólo ha sido un susto.
Es la primera vez en toda mi vida que mi padre me dice algo así. No es un hombre que muestre sus sentimientos y no sé si me lo habría dicho de no haberme visto tan mal como estaba. Pero fue lo más bonito que me han dicho nunca y necesité llorar durante una hora porque me sentía (y me siento) tremendamente culpable por hacerles esto a las personas que más me importan y que más quiero. No merezco que me quieran tanto.
Ojalá algún día puedas perdonarme, papá.
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